Aunque a simple vista la sangre parece un líquido rojo homogéneo, en realidad es un tejido vivo sumamente complejo. Está compuesta por cuatro elementos fundamentales que trabajan en equipo las 24 horas del día para mantener tu cuerpo en marcha: los glóbulos blancos, que actúan como tu sistema de defensa contra las infecciones; los glóbulos rojos, encargados de transportar el oxígeno a cada rincón del organismo; las plaquetas, esenciales para coagular y detener hemorragias; y el plasma, la parte líquida que mueve nutrientes y hormonas.
La presencia de ciertas proteínas en estas células determina si tu tipo de sangre es A, B, AB u O, lo cual, junto con el factor RH (positivo o negativo), define tu mapa sanguíneo. Conocer tu tipo de sangre no es solo un dato curioso; es una de las herramientas de prevención más importantes que debes tener a la mano ante cualquier emergencia médica.
VideoCliki
