Por mucho tiempo mi conciencia, mi lucidez, mi esencia aletargada, adormecida, extraviada por una enfermedad que como casi todos, yo provoqué, motivé y aceleré.

Un día como hoy hace 10 años, cansada, agotada y con mucho miedo, toqué esa puerta con mucha fe en Dios, di un gran paso, cruce el umbral de la soledad, de la enfermedad, de la agonía; a la oportunidad y la esperanza.

Fue muy difícil la primera etapa, era vencer día con día “solo por hoy” la ansiedad de embriagar mi cuerpo, de adormecer mis pensamientos y sentimientos,

de alucinar mi razón, mi mente, de huir de mi realidad, de no sentir ese dolor que mi obsesión me provocaba. Lo que menos deseaba era claudicar, dado el primer paso tenía que escalar, poner a prueba mi fe, mi voluntad, mi entereza, aferrarme a esas manos y voces que mi esperanza alimentaba y motivaban.

Habían días que sentía lo que quizás algunos pensaban, que iba a desfallecer a recaer, sentía que no tenía ya fuerzas para continuar, mirar hacia atrás me espantaba y eso nuevamente mi fe motivaba.

Ha sido un largo recorrido sin tiempo, ni distancia, con un solo objetivo “solo por hoy”, cada escalón tenía lo suyo, ese era el reto, en cada uno me he esforzado y algo he aportado, en varios he insistido o me he aferrado, en unos me han dado buenos resultados, en otros nada he logrado, en varios duro pisé, pero en otros perdonaron y perdone. Agradecida en esos que algo me regalaron, me brindaron, pero sin duda alguna, cada uno una enseñanza me dejaron.

10 años de mi vida, donde como todos he perdido, he ganado y aunque nunca he negado que la copita me ha gustado, lo he compartido, convivido y logrado.

¡Claro! Que ha valido la pena, ese gran paso que di hace 10 años.

Gracias a esas manos, a esas voces, que durante estos 10 años me han ayudado y motivado, gracias a la familia, a los amigos que me han apoyado, pero ante todo gracias a Dios por estar en mi “solo por hoy” y seguir escalando.

Anónimo