Cada tipo de diabetes se diagnostica de manera distinta, aunque en todos los casos se utilizan análisis de sangre para medir los niveles de glucosa.

La diabetes tipo 1 se sospecha cuando hay niveles elevados de glucosa en sangre. Esto indica que el páncreas no está produciendo suficiente insulina. Sin embargo, un nivel alto de glucosa no permite diferenciar por sí solo entre diabetes tipo 1 y tipo 2. Por ello, cuando se sospecha diabetes tipo 1, se solicitan pruebas de anticuerpos específicos que confirman si se trata de una enfermedad autoinmune.

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La diabetes tipo 2 se diagnostica mediante pruebas como la glucosa plasmática en ayunas. Para este estudio, la persona debe permanecer sin comer durante al menos 8 horas. Un resultado igual o superior a 126 mg/dL en dos ocasiones distintas confirma el diagnóstico de diabetes. También puede utilizarse la hemoglobina A1c u otras pruebas como la curva de tolerancia a la glucosa oral, según sea el caso.

La diabetes tipo 3c, también llamada diabetes pancreatogénica, se presenta cuando existe daño previo en el páncreas, como pancreatitis crónica, cirugía pancreática o cáncer. Se diagnostica cuando hay niveles elevados de glucosa en una persona con enfermedad pancreática conocida y datos de mala digestión de grasas, como la presencia de grasa en las heces. En este tipo de diabetes, el páncreas no produce suficiente insulina y tampoco libera adecuadamente las enzimas necesarias para digerir los alimentos.

 

Fuente: Very Well Health