La actividad de los teléfonos móviles podría usarse para monitorear y predecir la propagación del nuevo coronavirus, así lo afirma un nuevo estudio publicado en la revista JAMA Internal Medicine.

Los investigadores analizaron el uso de teléfonos celulares en más de 2,700 condados de Estados Unidos entre principios de enero y principios de mayo para identificar dónde se usaron los teléfonos, incluidos lugares de trabajo, hogares, tiendas minoristas y supermercados, parques y estaciones de tránsito.

Se analizaron entre 22,000 y 84,000 puntos de datos de ubicación de teléfonos celulares anónimos, disponibles públicamente para cada día durante el período de estudio.

Los condados con mayores descensos en la actividad de los teléfonos móviles en el lugar de trabajo cuando se dio la orden de quedarse en casa tuvieron tasas más bajas de COVID-19.

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Los autores dijeron que sus resultados sugieren que este tipo de datos de teléfonos celulares podrían aprovecharse para estimar mejor las tasas de crecimiento de COVID-19, así como para guiar las decisiones respecto a los cierres y reaperturas.

«Esperamos que los condados puedan incorporar estos datos de teléfonos celulares disponibles públicamente para ayudar a guiar las políticas con respecto a la reapertura en las diferentes etapas de la pandemia», dijo el doctor Joshua Baker, autor principal del estudio y profesor asistente de medicina y epidemiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania.

«Además, este análisis respalda la incorporación de datos de ubicación de teléfonos móviles anónimos en estrategias de modelado para predecir los condados en riesgo en Estados Unidos antes de que los brotes se vuelvan demasiado grandes», agregó el experto.

Baker destacó que también es posible utilizar datos de teléfonos móviles para pronosticar puntos de acceso y tomar medidas. No obstante, agregó que será importante confirmar que los datos son útiles en otras etapas de la pandemia más allá de la contención inicial, pues de ser así, serían de gran importancia en el futuro.

«Tienen el potencial de ayudarnos a comprender mejor los patrones de comportamiento, lo que podría ayudar a futuros investigadores a predecir el curso de futuras epidemias o tal vez monitorear el impacto de diferentes medidas de salud pública en los comportamientos de las personas», concluyó Baker.

 

Vía: Health Day News