Perder peso suele relacionarse con la alimentación, pero la actividad física también forma parte de este proceso. Mantenerte activo favorece el gasto de energía, mejora la condición física y contribuye a construir hábitos que pueden mantenerse a largo plazo.

No es necesario comenzar con entrenamientos intensos ni hacer cambios drásticos. Aumentar el movimiento poco a poco suele facilitar que el ejercicio forme parte de tu rutina diaria.

Algunas acciones que puedes incorporar son:

  • Caminar a paso ligero varios días a la semana.
  • Combinar actividades aeróbicas con ejercicios de fuerza.
  • Reducir el tiempo que pasas sentado.
  • Establecer metas pequeñas y realistas.
  • Buscar actividades que disfrutes.

También puede ser útil registrar tus avances, ya sea el tiempo de actividad, la distancia recorrida o la frecuencia con la que haces ejercicio. Observar pequeños progresos suele ayudar a mantener la motivación.