El diagnóstico de prediabetes es un llamado de atención sumamente valioso que nos da el cuerpo. Significa que los niveles de glucosa en sangre están más altos de lo normal, pero no lo suficientemente elevados como para clasificarse como diabetes tipo 2. 

Una de las dudas más frecuentes en consulta es si este estado es permanente o si es posible dar marcha atrás. La respuesta de la medicina moderna es sumamente alentadora: la prediabetes no solo es reversible, sino que el ejercicio físico estructurado es la herramienta más potente y directa para lograrlo.

Los músculos como esponjas de glucosa

En un estado de resistencia a la insulina, las células de tus músculos se vuelven «sordas» a las señales de esta hormona, impidiendo que el azúcar de la sangre entre en ellas para convertirse en energía. 

Al hacer ejercicio físico, la contracción muscular activa transportadores de glucosa alternativos que funcionan de manera totalmente independiente de la insulina. Es decir, tus músculos absorben la glucosa directamente de la sangre durante y después del esfuerzo físico, bajando tus niveles de forma inmediata.

Mejora prolongada de la sensibilidad insulínica 

Los beneficios del ejercicio no se limitan únicamente a la sesión de entrenamiento. Una sola sesión de ejercicio de intensidad moderada puede aumentar la sensibilidad a la insulina por un lapso de 24 a 48 horas. Esto significa que si haces ejercicio de forma regular, mantienes a tu cuerpo en un estado constante de eficiencia metabólica, facilitando la reversión de la prediabetes.

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Reducción de la grasa ectópica (visceral)

El ejercicio promueve la pérdida de la grasa que se acumula alrededor de órganos vitales como el hígado y el páncreas. Esta grasa visceral interfiere con la producción y uso adecuado de la insulina. Al reducirla mediante la actividad física, restauras el funcionamiento óptimo de estos órganos clave para el control del azúcar.

Para obtener estos beneficios de reversión, la recomendación estándar es realizar al menos 150 minutos a la semana de actividad física de intensidad moderada (como caminata rápida, ciclismo o natación), idealmente complementados con dos sesiones de entrenamiento de fuerza. El movimiento es, literalmente, medicina metabólica.

 

Fuente: American Diabetes Association (ADA)