El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa que puede prevenirse mediante vacunación. Sin embargo, la circulación de información incorrecta ha generado dudas que afectan la toma de decisiones. Conocer los mitos más comunes y contrastarlos con evidencia científica es clave para proteger la salud individual y colectiva.
Aclarar estas creencias ayuda a fortalecer la prevención y evitar brotes.
1. Mito: “El sarampión es una enfermedad leve”
Aunque algunas personas se recuperan sin complicaciones, el sarampión puede causar neumonía, inflamación cerebral y, en casos poco frecuentes, la muerte. No es sólo un sarpullido con fiebre, sino una infección que puede tener consecuencias graves, especialmente en menores de edad y personas con sistemas inmunológicos debilitados.
La prevención es fundamental porque no existe un tratamiento antiviral específico.
2. Mito: “Si ya casi no hay casos, no necesito vacunarme”
La disminución de casos se debe precisamente a la vacunación. Cuando bajan las coberturas, el virus puede reintroducirse y generar brotes, ya que sigue circulando en distintas regiones del mundo.
La protección comunitaria depende de que la mayoría de la población tenga el esquema completo.
3. Mito: “La vacuna puede causar sarampión”
La vacuna triple viral contiene virus atenuados que no provocan la enfermedad en personas sanas. Los efectos secundarios suelen ser leves y temporales, como fiebre baja o malestar leve.
La evidencia científica respalda que los beneficios de la vacunación superan ampliamente los riesgos.
4. Mito: “Sólo los niños necesitan vacunarse”
El sarampión puede afectar a cualquier persona sin inmunidad. Adolescentes y adultos que no tengan dos dosis documentadas también deben completar su esquema, ya que pueden enfermar y presentar complicaciones.
Revisar antecedentes de vacunación es una medida preventiva importante en todas las edades.
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Dato clave: la vacunación es la herramienta más eficaz
Dos dosis de la vacuna contra el sarampión ofrecen una protección alta y duradera. Mantener el esquema completo no sólo reduce el riesgo individual, también ayuda a proteger a quienes no pueden vacunarse por razones médicas.
Combatir los mitos con información basada en evidencia permite tomar decisiones responsables. La vacunación oportuna y la confianza en fuentes confiables son fundamentales para mantener el control del sarampión y proteger la salud pública.
Fuente: Organización Mundial de la Salud







