La inflamación es un mecanismo natural de defensa que ayuda al cuerpo a combatir infecciones y reparar tejidos. Sin embargo, cuando se mantiene activa de forma prolongada y sin síntomas evidentes, se conoce como inflamación silenciosa o inflamación crónica de bajo grado. Este tipo de inflamación puede avanzar sin dolor intenso ni señales claras, pero influir en el desarrollo de diversas enfermedades.
Detectarla no siempre es sencillo, por eso la prevención es fundamental.
¿Qué significa “inflamación silenciosa”?
A diferencia de la inflamación aguda —como la que ocurre tras una lesión— la inflamación silenciosa es persistente y de baja intensidad. Puede mantenerse durante meses o años sin síntomas evidentes, afectando progresivamente órganos y tejidos.
Se ha asociado con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y trastornos metabólicos.
1. Factores que la favorecen
Diversos hábitos pueden estimular procesos inflamatorios constantes:
- Alimentación alta en azúcares y ultraprocesados.
- Sedentarismo.
- Estrés crónico.
- Falta de sueño.
- Exceso de grasa abdominal.
Estos factores pueden alterar el equilibrio hormonal y metabólico.
2. El papel del sistema inmunológico
Cuando el sistema inmunológico se mantiene activado de manera continua, libera sustancias inflamatorias. Este estado sostenido puede dañar tejidos sanos con el tiempo, incluso sin causar síntomas inmediatos.
La inflamación crónica no es visible, pero sí tiene impacto en la salud a largo plazo.
Conoce más: El impacto del estrés acumulado en el sistema inmunológico
3. Cómo prevenirla desde la vida diaria
Adoptar hábitos saludables ayuda a reducir el riesgo:
- Priorizar frutas, verduras, leguminosas y grasas saludables.
- Mantener actividad física regular.
- Dormir entre 7 y 9 horas por noche.
- Manejar el estrés con técnicas de relajación.
- Evitar el consumo excesivo de alcohol y tabaco.
La constancia es clave para mantener el equilibrio interno.
4. Importancia del seguimiento médico
En personas con factores de riesgo metabólico, es recomendable realizar chequeos periódicos. Monitorear glucosa, presión arterial y perfil lipídico permite detectar alteraciones tempranas.
La inflamación silenciosa no siempre produce síntomas claros, por lo que la prevención es la mejor estrategia.
La inflamación silenciosa puede desarrollarse sin señales evidentes, pero su impacto puede ser significativo con el tiempo. Cuidar la alimentación, el descanso y el manejo del estrés ayuda a mantener un mejor equilibrio interno y a proteger la salud a largo plazo.
Fuente: Mayo Clinic







