La coagulación de la sangre es la forma en la que el cuerpo previene el sangrado excesivo cuando se lesiona un vaso sanguíneo.

Típicamente, el cuerpo disolverá el coágulo después de que la lesión haya sanado, así lo indica la Sociedad Americana de Hematología.

Sin embargo, ocasionalmente, se forma un coágulo pese a que no hay una lesión obvia en un vaso, o porque el coágulo no se disuelve por sí solo. Esto puede plantear la peligrosa posibilidad de limitar el suministro de sangre oxigenada hacia tejidos y órganos como el corazón o los pulmones.

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Asimismo, un coágulo puede impedir el flujo de sangre desoxigenada de regreso al corazón.

Por lo anterior, la sociedad nos menciona los factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar un coágulo de sangre:

  1. Obesidad.
  2. Embarazo.
  3. Sedentarismo o inactividad prolongada.
  4. Fumar.
  5. Algunos anticonceptivos orales.
  6. Ciertos cánceres.
  7. Cirugía.
  8. Edad avanzada.
  9. Antecedentes familiares de coágulos de sangre.
  10. Diabetes.
  11. Alta presión sanguínea.
  12. Colesterol alto.

Recuerda que cuando un coágulo de sangre bloquea una arteria o vena, este puede afectar a los siguientes órganos:

  • El corazón (angina de pecho o un ataque cardíaco)
  • Los intestinos (isquemia mesentérica o trombosis venosa mesentérica)
  • Los riñones (trombosis de la vena renal)
  • Las arterias de las piernas o brazos
  • Las piernas (trombosis venosa profunda)
  • Los pulmones (embolia pulmonar)
  • El cuello o el cerebro (accidente cerebrovascular)

 

Vía: Health Day News